¿Salvó Franco a España del comunismo?

La enorme tergiversación que hoy padecemos de nuestro más reciente pasado, está provocando que se pierda la natural y normal convivencia entre todos los españoles. Es urgente que desde todas las instituciones, intelectuales y personalidades realicen un urgente y titánico esfuerzo por recuperar la verdad histórica si no queremos volver a repetir las peores de sus partes.

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La figura de Franco está hoy de forma constante en los medios de comunicación y en boca de muchos. Cuando hicimos la Transición parecía que se había optado por no juzgar el pasado. En 1977 se aprobó una amnistía para “todos los actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado, tipificados como delitos y faltas realizados con anterioridad al día quince de diciembre de mil novecientos setenta y seis. La ley fue aprobada, casi por unanimidad, con los votos a favor de Unión de Centro Democrático, PSOE, Partido Socialista Popular, Partido Comunista de España, Minoría Vasco-Catalana y Grupo mixto, con la abstención de Alianza Popular y los diputados Francisco Letamendia e Hipólito Gómez de las Roces. En total, 296 votos a favor, dos en contra, 18 abstenciones y uno nulo. Por tanto, todo lo que había pasado antes, durante y después de la guerra civil quedaba amnistiado. Inclusive, con gran generosidad, se amplió a los crímenes de ETA realizados hasta 15 de junio de 1977.

Resulta evidente que esa aprobación por tan radical unanimidad pretendía cerrar definitivamente las heridas del pasado y empezar una nueva etapa: después de ello vino la Constitución de 1978 y los 40 años que nos han traído hasta aquí. No obstante, de forma lamentable, se fueron dando pasos pequeños pero sesgados como fue, en 1996, la oferta de adquisición de la nacionalidad española que el Congreso de los Diputados dio a los miembros de las Brigadas Internacionales, la mayor parte de ellos comunistas revolucionarios, olvidándose de otros extranjeros, alemanes e italianos que lucharon en el llamado bando nacional. De forma evidentemente injusta la izquierda socialista y comunista se atribuyó una superioridad moral sobre la derecha, ante el silencio de ésta que pensaba, erróneamente, como sigue haciendo hoy, que no denunciar a las dictaduras marxistas le iba a dar un marchamo progresista. Nadie quería recordar que Franco murió en 1975 y que la terrible dictadura comunista en Europa no cayó hasta 1989. Y muchos aun aplauden a la Cuba comunista.

En 2007, Zapatero, al aprobar la Ley de Memoria Histórica declara la ilegitimidad de los tribunales, jurados y cualesquiera otros órganos penales o administrativos que, durante la Guerra Civil, se hubieran constituido para imponer, por motivos políticos, ideológicos o de creencia religiosa, condenas o sanciones de carácter personal. Teóricamente de aplicación a los dos bandos, pero a continuación, de manera explícita, sólo cita a Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo, el Tribunal de Orden Público, y a los Tribunales de Responsabilidades Políticas y Consejos de Guerra. Sobre las terribles “chekas” y los “Tribunales Populares” de la zona republicana, guarda un clamoroso silencio. Aunque no de iure, de facto, esta Ley pretende derogar la ley de Amnistía y ha reabierto las heridas del pasado, al dar a entender que los malos eran sólo los de derechas, los franquistas.

Hoy se va más lejos y se pretende crear una Comisión para la Verdad y la Reconciliación lo que, en teoría, parece una excelente idea pues, como dice el Evangelio, “la verdad nos hace libres”.  Por otra parte, refrendar la Reconciliación es bueno siempre. Lamentablemente, parece que lo que en realidad se pretende es una sesgada Verdad y una falsa Reconciliación en la que unos sean los vencedores y otros los vencidos. Es decir, que lo que se busca es la Mentira y el Enfrentamiento. Una cosa son las opiniones que siempre pueden ser dispares y otra los datos. Lo objetivo son los datos que, por otra parte, deben abarcar el antes, durante y después. Es decir, durante la Segunda República, durante la propia guerra civil, tanto en el bando rojo como en el bando nacional y también durante el franquismo.

Ello implica hablar del desorden tolerado por la República en el mes de mayo de 1931, de la relación de edificios religiosos quemados en Madrid, Valencia, Sevilla, etc; del número de personas muertas o agredidas, de las huelgas revolucionarias de la CNT, de los sucesos de Casas Viejas, del golpe de derechas de Sanjurjo de 1932, del golpe marxista revolucionario de 1934, promovido por la CNT, UGT y PSOE; del papel de Largo Caballero, el Lenin español, el que tiene una estatua en Nuevos Ministerios; del golpe de Companys en 1934 declarando el Estat Catalá; de las elecciones de febrero de 1936, y del clima revolucionario que denunció Gil Robles en las Cortes el 15 de junio del 36, de los pistoleros de las Juventudes Socialistas y de la Falange, del asesinato de Calvo Sotelo y, por supuesto, del golpe de estado de Mola y Franco y de la guerra civil, y del maquis comunista y del periodo franquista.

De todo ello hay que aportar datos. Sobre destrucciones de patrimonio, muertos, desórdenes públicos y clima revolucionario. En particular, en la Guerra Civil, hay que dar datos de checas, de víctimas, de paseíllos, de Paracuellos, de Badajoz, de los tribunales populares, de los tribunales del lado nacional, de los Tribunales de Responsabilidades Políticas y Consejos de Guerra, de muertos de un lado y de otro, en acciones de guerra y por crímenes de intencionalidad política. Sería necesario aportar datos, con serenidad y sin urgencia, pero enfatizando, si es que se acuerda abordar todo ello, que el objetivo irrenunciable es la reconciliación.

También habría que hablar del ambiente absolutamente revolucionario de la Segunda República (2.600 muertos en cinco años, 500 por año, a cuyo lado el terror de ETA, 860 muertos en 30 años, parece una pequeñez).  Y especular sobre qué podría haber pasado si Franco hubiese sido derrotado en la Guerra Civil. La virulencia del golpe de Asturias de 1934 y el carácter marxista revolucionario, que primaba en el Partido Socialista y Partido Comunista, así como en la CNT y en la UGT, se manifestó en toda su crueldad durante la Guerra Civil. Es muy probable que el resultado final hubiese sido una dictadura comunista, apoyada por Stalin. ¿Salvó Franco a España de caer en ello? Los países del Este de Europa, Rumanía, Bulgaria, Hungría, Chequia, Eslovaquia, Polonia, etc. nos miran y se dicen “no sabéis de lo qué os habéis librado”. La realidad es que la restricción de libertades fue infinitamente superior en los países comunistas a la que se vivió en la España de Franco. La sangrienta represión en Hungría en 1956, en Checoslovaquia en 1967, el Muro de Berlín, son evidencias incuestionables.  Igual ocurrió con el desarrollo socio-económico que fue muy inferior en los países de la Europa del Este al de España.

Franco murió en su cama y sin violencia, con excepción de ETA. La democracia de forma serena se implantó en España, en un clima de libertad pleno. Aquí no hay presos políticos. Por contra, los países del Este tardaron 14 años más en liberarse del yugo comunista y hoy, 30 años después, aún no se han terminado de liberar de la cultura de silencio, opresión y sumisión que les crearon sus dictaduras comunistas.

La asignatura de Historia del Bachillerato de la España franquista en la que viví más de un cuarto de siglo, se acababa en Alfonso XII. De la Segunda República y de la Guerra Civil, nada de nada. Estábamos donde estábamos y ya está. Era una España en la que muchos pueblos no tenían luz ni agua corriente y en el que muchas carreteras locales eran de tierra. Esa España autoritaria, y autárquica al principio, dio un gran salto al final de los 50 al optar claramente por la economía de mercado. La producción, y el empleo crecieron. La emigración a Alemania, Suiza o Francia fue una válvula de escape. El turismo generó, con defectos, mucho desarrollo, y el nivel de vida mejoró de forma importante en los años 60. Los partidos políticos no estaban permitidos. Oposición a Franco no había. Sólo los comunistas, apoyados por la Unión Soviética, promovían una cierta actividad en las fábricas. En la Universidad, marco teórico de libertad, se empezaron a desarrollar acciones orientadas a reclamar una mayor libertad. Los comunistas fueron los impulsores y los demás fuimos participando en alguna que otra carrera ante los llamados grises. Pero oposición organizada como alternativa a Franco no la había.

Si hoy queremos exhumar a Franco seamos antes conscientes de todos estos datos. Estudiemos con serenidad la Segunda República, la Guerra Civil y tengamos en cuenta el contexto europeo de entonces. Y miremos al futuro con grandeza y con el máximo consenso. Hay mucho quehacer por delante.

¡Viva España!

 

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